Hay encuentros que saben a sobremesa larga. De esas en las que el vino se alarga, las anécdotas se encadenan y las historias se sirven con la misma generosidad que una fabada en domingo. En The Black Bar, en el Gran Hotel España, compartimos mesa —y micrófono—, después de un espléndido almuerzo en Casa Fermín, con Manolo Carreras, alma mater de la guía Macarfi, para hablar de gastronomía, papel y copas de cristal.
Porque sí, Manolo empezó entre números y terminó entre manteles. Y aunque aún se declara amante de la velocidad y de los coches con carácter (los de verdad, no los que se configuran en un clic), hoy lo que más le mueve es el trato humano que define la gastronomía. Esa que no se puede automatizar ni replicar en serie.
Macarfi: la guía que habla como tú y como yo
Lo interesante de Macarfi es que no nació de un despacho de marketing, sino de una necesidad casi vital: la de tener una guía que hablara con voz propia, democrática, coral, cercana. Inspirada en la mítica Zagat estadounidense y nacida del deseo de Manolo de seguir comiendo bien, pero compartiendo conocimiento.
Así fue como, tras dejar la bolsa (la financiera, no la de pan), lanzó una pequeña app en Barcelona, pidió a mil contactos que enviaran sus críticas —de menos de 100 palabras— y ofreció una botella de vino a cambio. El resultado: una comunidad creciente, una red de “embajadores con sensibilidad gastronómica y sentido común”, y una guía que no entiende de estrellas, sino de experiencia.
De la pandemia al club más buscado
La pandemia no frenó el apetito, lo transformó. Macarfi lanzó un delivery premium y, más tarde, el Club Macarfi: «ese punto de encuentro de encuentro de aquellos que comparten nuestra pasión por la gastronomía y el placer de disfrutarla» y con el que conseguir mesa en Etxebarri o Disfrutar no es una fantasía. Un club aspiracional donde las cuatro manos, los eventos y la complicidad son moneda corriente. Y sí, también hay copas de cristal buenas. Muy buenas.
El papel no se come, pero se toca
En un mundo que corre hacia lo digital, Manolo defiende el papel como carta de presentación. La guía Macarfi, con su lomo azulete y su formato diferente, es una inversión emocional tanto como una estrategia de marca. Porque a veces el lujo está en poder tocar lo que otros solo deslizan en una pantalla.
Asturias, cachopos y copas (de cristal bueno)
Para Manolo, Asturias es más que una comunidad: es una pasión familiar. Aquí pasa los veranos, aquí se come como en pocos sitios, y aquí, por fin, entra Macarfi con guía propia. ¿Y el cachopo? Rebozado, claro. ¿Y la fabada? Obligatoria. ¿Y las copas? De cristal fino, por favor.
Y es que Asturias entra en Macarfi como se entra en una cocina con el fuego encendido: con respeto, con ganas y con hambre de descubrir. Porque aquí no hacen falta discursos: la autenticidad se sirve sola, el producto habla claro y la hospitalidad es una costumbre, no una estrategia. Esta edición 2025 pone por primera vez el foco en una región que vive la gastronomía sin artificios, con raíz, con memoria y con verdad.
Entre risas, recuerdos y reflexiones sobre el futuro del trato humano en la restauración, la charla con Manolo nos dejó algo claro: las guías pueden ser democráticas, los rankings pueden sorprender y la gastronomía sigue siendo, sobre todo, un acto profundamente humano.
Nos despedimos con vino tinto (ribera, si puede ser), una hamburguesa casera de esas con huevo frito y patatas , y la promesa de que, si algún día te preguntan qué hace un tipo como él en un sitio como este… la respuesta es tan clara como un caldo bien colado: disfrutar, compartir y dejar huella.
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