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Carta a la cocina de Isabel Preysler

No quiero hacer sangre de esto. Me he prometido que no lo haría. Además, la señora de Vargas Llosa tiene problemas más grandes que los desconchados del suelo pero, no puedo evitarlo. Lo he intentado pero no he sido capaz. He tratado de reprimir mis palabras pero necesito dedicarte cuatro letras, a ti, cocina de Isabel Preysler. La gran abandonada de la familia. Tú que ves desde tu soledad abrumadora como decoradores de todo el mundo visitan el resto de las habitaciones mientras a ti te abandonan. Porque sí, repito, eres la gran abandonada de la familia. Tú que les das de comer, sacrificas tu encimera para que la señorita- en mi cabeza se llama Daisy- prepare las recetas macrobióticas, superalimenticaespialidosas y, por supuesto, hipocalóricas que se zampa tu dueña. Tú que vives dejándote la piel para que sus batidos detox queden perfectos. Tú, que ves la vida pasar mientras llevas a tu espalda la carga de esos cuadros horrorosos que me recuerdan a los libros de recetas de los años 70. Tú, que para nada te mereces que se descuelguen tus puertas. Tú, que debes sentir vergüenza absoluta cuando te visitan otros propietarios de cocinas y ven tus cortinas. Tú, sí tú, que pareces sacada de una serie americana de los años 90. Pero cutre, una serie cutre.

Te he visto en la revista AD y he sentido empatía. Pobrecita, como lo debes de estar pasando viendo como se pasean muebles de todas las partes del mundo, mientras tú, sigues olvidada. No debe de ser fácil saber que tienen un salón de verano perfectamente amueblado en la piscina mientras tu sigues con tu estética setentera. Aunque he de decir que ya debías de ser fea hasta cuando te instalaron. Pero no, no es un post para meterme contigo sino con tu dueña. Porque Isabelita, no se puede tener un recibidor con doble altura balconada, columnas, suelos de mármol, piezas de arte, estanterías cargadas de libros y una mesa central de madera tallada pero olvidarte de la pobre cocina.

Así que a ti, sí a ti, querida cocina. Tú que te mantienes digna entre tus paredes aun sabiendo que no estás a la altura de una estancia de tu categoría. Tú que perteneces a una casa con 5000 metros cuadrados. Tú que, estás en última posición, detrás incluso de los 14 baños que te acompañan pero sigues al pie del cañón como una campeona. Tú que eres la parte traicionada de Villa Meona. Tú te merecías que yo te dedicara unas palabras. Porque, aunque puede que caigan en saco roto y haya poca gente que las lea, tú, desde Puerta del Hierro, sabrás que no estas sola. Porque seamos francos; por tu dueña no pasan los años pero a ti te han martirizado que no veas. Yo lucharé porque se te haga justicia.

Firma Carmen Ordiz

Fotografías: Telecinco vistas en Revista AD

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