Azpilicueta: Un guía inmmejorable en el mundo del vino

Azpilicueta: Un guía inmmejorable en el mundo del vino

Si alguno estuvo atento al perfil de Facebook de G de Gastronomía los días 19 y 20 de octubre, me habrá visto por allí. Fui narrando mi viaje hasta la Rioja Alavesa, en el que me había embarcado con la misión de adentrarme en el complejo mundo del vino. Ya que esta experiencia de manos de bodegas Azpilicueta ha supuesto para mí un antes y un después en mi trato con este húmedo amigo, he querido hacer memoria de lo que ha sido mi relación con esta bebida hasta la fecha.

Todos mis recuerdos lejanos y recientes sobre el vino son malos. Ha sido fácil, ¿eh?

Todos. Desde pequeño. Recuerdo la primera vez que probé un vino blanco. Lo confundí con agua en una fiesta que se celebraba en casa de mis bisabuelos. Tendría unos cinco años y corrí inmediatamente, horrorizado por su sabor, al baño a escupir lo que había ingerido. Acción que sorprendentemente, no se diferencia tanto del proceso de cata.

Después, tópicos y malentendidos con tintos y blancos, sedimentaron en mi mente lo que aproximadamente cada español cree que sabe sobre el vino. Acostumbrado a mezclarlo, con coca cola o con casera, averiguarán mi nerviosismo al acceder a representar a G de Gastronomía en esta aventura. Esperaba una mesa alargada, con delgados profesionales que diferenciasen en su paladar si la persona que recogió las uvas que dieron lugar a su copa había hecho el amor sobre un lecho de rosas el día de la vendimia o si una tormenta de nieve había tenido lugar en el momento de introducir el líquido en la botella.

Nada más lejos de la realidad. Un minibus muy apañao nos recogió en Madrid a un grupo de bloggers, influencers y demás ers que pueblan estos días las redes.

Nos alojamos en el Hotel Viura, cuyo estilo, habitaciones y cocina son probablemente razón suficiente para viajar hasta allí. Los pasillos, con el número de las habitaciones dibujado con tiza, daban al edificio un aspecto de casa del terror mezclada con el bar moderno que crea Moe, el camarero de Los Simpson, cuando le empiezan a ir bien las cosas. Les dejo foto por si no entienden un carajo de esta descripción.

Hotel Viura
La cena de aquella noche fue todo lo que necesitaba para sentirme cómodo entre expertos. Presidida por Elena Adell, enóloga con más de treinta años de experiencia, actualmente a cargo de bodegas Azpilicueta, el menú era para nada convencional pero desde luego atractivo. Cada plato iba acompañado de un ejemplar de Azpilicueta y a su vez, de explicación de Elena sobre el mismo y el por qué del maridaje. Tras unos minutos quedó claro que nuestra maestra de ceremonias está al nivel de los más grandes en esto del vino, pero también en show.

La cena comenzó sorprendiendo con jamón cinco jotas acompañado de Azpilicueta Blanco 2015. La panceta asada al estragón, hongos y tomillo, con crema de croissant y caldo ibérico me volvió loco y la merluza a la llama, acompañada estupendamente de un risotto y yema de huevo remató en mi interior una llama de felicidad que duraría doce horas más. Entre los vinos, tal vez por su combinación con el postre, tal vez por ser el último, tal vez porque sí, recuerdo con especial ilusión el Félix Azpilicueta Colección Privada Tinto 2012.

Bodegas Azpilicueta
Bodegas Azpilicueta
Porque, y aquí está una de las lecciones más importantes de este viaje, el vino depende de cada uno en un porcentaje asombrosamente alto. Cada vez más estudios aseguran que no hay verdades absolutas sobre este, que es un elemento terriblemente cambiante no únicamente por las condiciones de su creación, pero también por el momento y lugar de su recepción, o incluso el estado de ánimo del receptor. La propia Elena Adell nos lo contaba: al buscar elementos en la copa y sobre todo al principio, cada uno encuentra lo que más le gusta y lo que menos.

Así, la visita no estuvo únicamente centrada en la cata o en los aromas del producto ya finalizado. En Azpilicueta saben lo importante que son todos los implicados en el proceso, escuchándoles por igual. Por esto mismo, aprovecharon para enseñarnos tonelerías Gangutia, fábrica situada en Cenicero, La Rioja. Allí Teresa Pérez, otra grandísima maestra de ceremonias, nos guió paso a paso por el proceso de elaboración de una barrica. Si tienen ocasión, es un espectáculo visual que transporta a otra época, en la que se valoraba el trato lento y cuidado para conseguir algo más valioso. Una alegría saber que hoy en día ese sentimiento sigue prensente.

Tonelerías GangutiaTonelerías Gangutia
Tonelerías Gangutia
Con todo, llegamos finalmente al motivo principal de nuestra visita, a conocer al invitado de honor de la jornada. Elena y el equipo de Azpilicueta nos presentaron Azpilicueta Selección de Barricas. Se trata de un crianza 2013 tempranillo, envejecido al menos 18 meses en barricas de roble francés seleccionadas una a una, tras haber sido tratadas por los maestros toneleros. El olor de la madera se nota una barbaridad y le da una personalidad que le distingue del resto de vinos de su gama. Qué quieren que les diga, a mi me gustó. Fue como llegar al final de un camino en el que el guía te había indicado tan bien por donde ir, que no necesitaste mirar Google Maps en ningún momento.

Azpilicueta Selección de Barricas
Creo que el resumen de esto es que todo sabe mejor cuando te lo explican. Sí. Eso y que comer bien es más fácil con buen vino, aunque es fácil habitualmente. También que La Rioja (Alavesa o no) tiene mucho que ofrecer. Y que no lo he hecho tan mal Carmen, me puedes volver a mandar a un sarao de estos cuando quieras. Gastrónomos, nos leemos. Un abrazo a todos.

Puedes leer a Santi Alverú todos los lunes en Yonlok.
yonlok

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*