Una vida de recuerdos (olfativos)

Una vida de recuerdos (olfativos)

¡Hola gastrónomos!

Hoy venimos con una reflexión.

El otro día a eso de las ocho de la noche, cuando volvía de la ofi por la calle Palacio Valdes, me empezaron a venir recuerdos de repente, ¡sin avisar!. Creo que no hay olor que más nostalgia me dé que el que se produce con la llegada de las castañas a los kioscos en los cuales hasta pocos días antes aun se servían helados. Es ese aroma que te dice que ya llegó el frío, que se caen las hojas, que ya hay frutos secos y que es la época del turrón. (Aunque en el súper ya ponen los dulces navideños todo el año. ¡Luego se quejan de que la vida pasa volando!)

Vinieron a mi mente esos días otoñales que pasaba con mi abuela yendo a la tienda de telas y botones, a misa o a la confitería Asturias donde se reunía con sus amigas y yo siempre me las ingeniaba para que me compraran algún dulce. A poder ser una caracola. ¡Cómo me gustan!

Está demostrado científicamente que los olores marcan nuestra vida y están completamente enlazados con ese área de nuestro cerebro que se encarga de los recuerdos. Recordamos momentos gracias a los aromas de su ambiente. He ahí el porqué de todas las inversiones de las grandes multinacionales que invierten millones y millones en desarrollar aquellos que produzcan sentimientos y sensaciones agradables en el consumidor. El porqué de ese olor a pan recién hecho en el supermercado casualmente a la hora que la gente sale de trabajar con un hambre voraz o de ese repentino olor a “navidad” que se respira en los centros comerciales durante el periodo natalicio. El olor de los libros nuevos… Los olores nos hacen sentir y revivir los momentos vividos. ¡Qué viva el olfato!

Una vida de recuerdos (olfativos)
Fotografía de Annie Spratt

Caminando y disfrutando de ese olor que con su arte producía la castañera empecé a pensar en este post, en los aromas que me recuerdan cosas importantes y lo fundamental del subconsciente. ¡Estaba caminando pensado en un proyecto y de pronto me encontraba viajando en el tiempo!

Reviví el olor a caramelo que se quedaba en la cocina cuando mi tía Merche hacia la tarta de queso que tanto le gustaba a Maria, del olor a café recién hecho en la moka en mi casa de Italia, del arroz con pollo de mi abuela Carmina que hacia volar al azafrán por cada rincón de la casa, ese perfume que te recuerda a alguien especial o el tuyo propio, aquel que usaste hace tiempo y que de repente te vuelves a poner y te hace vivir un viaje a lo largo del tiempo. Me vino a la mente aquella mezcla entre ilusión y alegría cuando ante tus insistencias te compraban un barquillo. Mmm esa mezcla de la esencia de miel y la galleta. Recordé también la fragancia que impregnaba la cocina cuando mi madre se ponía en plan didáctico en la casa del campo y nos enseñaba a hacer galletas, rosquillas y lenguas de gato.

Una vida de recuerdos (olfativos)
Fotografía de Alexandru Stravica

En definitiva, después de este repentino discurso cursi y empalagoso de recuerdos, quiero cerrar este post hablando de la importancia del olfato y cuanto este influye al sabor. Según María Isabel Miranda Saucedo de la UNAM “más de la mitad de lo que se detecta como sabor procede de lo que el olfato capta a distancia de las partículas de los alimentos que se desprenden y se disuelven en el aire. El olor potencia al gusto.” ¿Recordáis cuando instintivamente os tapabais la nariz para evitar saborear las coles de Bruselas? Ahora entendéis el porqué.

¿Os imagináis una memoria sin olfato y un olfato sin memoria?

 G de Gastronomía

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