MasterChef: lluvia de estrellas o lo macrobiótico te sienta divino

MasterChef: lluvia de estrellas o lo macrobiótico te sienta divino

Si viven en una ciudad pequeña, conocerán la sensación de gozo al encontrar cambios en el menú o el aspecto de su restaurante favorito. Van tan tranquilos a cenar con su familia o su pareja, como cada jueves, y de pronto encuentran en la carta un nuevo plato. Al menos durante una semana, hasta que algún escándalo como una boda o un incendio empiecen a ser la nueva comidilla, este cambio ocupa más conversaciones que una epidemia de piojos al inicio del curso escolar. Tal vez no sea ni un nuevo plato lo que han incorporado, simplemente la posibilidad de añadir queso de cabra a la ensalada por un euro más o que se haya dejado de freír la merluza con aceite de colza, pero la alegría es inmensa. ¡Qué alegría ni que alegría, lo que hay es una auténtica re-vo-lu-ción! La gente se agolpa tras el cristal, se provocan lloros y desmayos.

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Pues bien. Eso es lo que ha pasado en el último programa de MasterChef. Se han puesto sus mejores galas, han pasado de ser Casa Manolo a Manolo’s Pub. Para empezar, han invitado a treinta y cinco chefs con estrella Michelín. Treinta y cinco. Que igual sólo había seis o siete, los que han hablado, y el resto eran todos actores, pero da igual, allí había barullo y eso tenía que ser bueno. Como cuando ves una cola y te pones a esperar sin saber muy bien si es la tuya, pensando que si esa gente estaba allí antes será POR ALGO.

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Los concursantes empezaron con platos típicos de Francia, y la primera prueba transcurrió dentro de lo esperado. Antonio se olvidó las ancas de rana, imprescindibles para cocinar sus, eh, ancas de rana. Sally se enfadó con todo el mundo porque no le habían rendido pleitesía al inicio de la prueba y finalmente, Kevin se llevó el delantal que le aseguraba el paso a la semifinal. De color dorado, porque quedaba de maravilla con su pelo y el color de su aura.

La prueba por equipos les condujo a un spa, en el que se practicaba con ahínco la cocina macrobiótica, es decir, sosa. No, perdón, quiero decir: pensada para rumiantes. No, de verdad, basta de bromas, lo que significa macrobiótico es: triste de narices. Ahora en serio, significa: sin patatas. No le gustaba ni a Lidia.

Sea como fuere, la distribución fue curiosa. Kevin se libró de competir y seguimos sus andares por la playa. Se pudo ver al chaval, modelo de profesión, en bañador. Dado su color de piel, no me extrañaría nada que alguna marca de crema solar de alta protección lo fichase para este verano. El resto, divididos de dos en dos, se encargaron de realizar el macrobiótico menú del que les hablaba, con el incómodo añadido de una barrera entre compañeros que complicaba la comunicación. Aunque algunos como Mila o Antonio son tan expertos en materia de liarla que ya les puedes dar 3G, fibra óptica e intérprete personal, que confunden la sal con el azúcar o tardan una hora en pelar unas alcachofas y a tomar vientos el menú.

Los miembros del hotel fueron los encargados de catar los platos y a la vez obtuvieron el dudoso honor de ser el colectivo de desconocidos a los que joder la hora del almuerzo más enigmáticos y tenebrosos de toda esta edición de MasterChef. Una mezcla de los misteriosos habitantes de la isla de Lost, la gente con máscaras de Eyes Wide Shut y un grupo de mormones con ropa de Loewe.

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Los mejores fueron Andrea, Sally y Carlos, recompensados con algún tipo de juego de luces en el que Sally ganó seguro o lloró muy fuerte en caso contrario. De vuelta en plató la prueba de eliminación contaba con Antonio, Mila y Lidia imitando los pasos en la cocina de Martín Berasategui, el cocinero español con más estrellas Michelín. Todo en la línea del giro hacia lo exclusivo y el embellecimiento del que les hablaba antes. El maestro cocinaba un plato muy contemporáneo surrealista new age pero seguro que bueno de narices. Los aspirantes tenían que imitarle y hacer lo posible por llegar al final con la misma calidad. Era más fácil si tenemos en cuenta que Berasategui es un buenazo. En las valoraciones no criticó absolutamente nada. Si Berasategui hubiese estado el día de Alberto y su León come Gamba la patata se hubiese cocinado sola. Si Berasategui se encargase de votar en Eurovisión, habría ganado Edurne, las Ketchup y hasta el Chiquilicuatre. Si Berasategui te viese en la cama, al acabar te creerías Rocco Siffredi. Berasategui está siempre en el plató de El Hormiguero para que alguien se ría de los chistes de Pablo Motos. Berasategui es el único que ha votado a UPyD para que Rosa Díez no se deprima. No sé si se entiende que el hombre es un pedazo de pan.

Mila tuvo que abandonar por segunda vez MasterChef. Poco hay que comentar sobre ella que no se hayan imaginado ya, pero merece la pena reflexionar sobre la situación en la que ahora se encuentra Antonio. Está el chaval que no se lo cree. Un chiste por aquí, un carritaki por allá, un poco de arte andaluza y algo de sal de vez en cuando y el hombre finalista de MasterChef. Is this real life? Is this just fantasy? Riéte tú de los milagros navideños.

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En el programa que viene, ¡la semifinal! Juntémonos en redes sociales y participemos de la gran fiesta de la gastronomía en diferido. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Sally perdiendo y prendiendo fuego al plató mientras se marcha? ¡Es muy posible! ¡Lo averiguaremos juntos, si siguen ahí y me cuentan sus problemas y secretos televisivos! ¡Hasta la semana que viene!

 

Semejante Ramera

 

By Santi Alverú

Un comentario

  1. Gran análisis, Ojalá Berasategui macrobiótico con los brazos de Carlos, el tupé de Kévin y el bidón de gasolina de Sally. De fondo el Manolo’s Pub en llamas y sonando en el tocadiscos..Take On Me de a-ha… Ojalá algún día.

    https://www.youtube.com/watch?v=djV11Xbc914

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