MASTERCHEF JUNIOR 3: ¡Con lo bien que estabamos!

MASTERCHEF JUNIOR 3: ¡Con lo bien que estabamos!

Como el turrón por navidad, he vuelto. Se estrenaba la nueva temporada de Masterchef Junior 3 (tiene tantos extras que suena a remake malo de Hollywood, con Sylvester Stallone haciendo de papá en apuros) y no podía resistirme a contar mis impresiones. Eso sí, esta temporada la seguiré de forma más esporádica por temas personales, así que no se me alteren si no llego puntual a mi cita. En cualquier caso, aquí está el primer episodio de los juegos del hambre infantiles.

La primera parte consistió básicamente en ver a muchísimos niños recibir cucharas de palo y actuar como el de aquel anuncio de Limón y Nada, con la analogía del palo incluida.

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Una vez finalizado el proceso de selección, los niños entraron en tropel a las cocinas. El bombardeo de información dejaba detalles interesantes: hay una asturiana, una modelo, un andaluz, otro que se santigua todo el rato y no sé si es el andaluz. En mi mente hay como cinco tipos de niños y luego esas mismas caras con ropa distinta. Ah, y una argentina, que nada más llegar dijo que había venido a España por la inseguridad de su país. TVE dejando caer lo del CORRALITO. Qué tíos, no se les escapa una.

La primera prueba consistía en cocinar una hamburguesa. De una de plástico y tamaño gigante salieron los ganadores de los anteriores Masterchef, uno se llama Carlos y todos lo recordamos por ser el héroe que nos libró de Sally, el otro es un niño con flequillo que creo que ahora presenta El Hormiguero. Por cierto, Carlos saliendo de una hamburguesa gigante seguro provocó más de un infarto entre las mujeres con sobrepeso de la audiencia.

GIF GORDA

La prueba transcurrió con normalidad. Esto es, con muchos lloros. Por desgracia parece que expulsar líquido a través de los ojos volverá a ser tendencia esta temporada. Una niña con los ojos hacia fuera lloraba mucho. Algunos cogían las espátula de lejos, como si estuviesen manipulando material radioactivo. Las hamburguesas fueron un reflejo de la personalidad de cada uno, y el jurado fingió que todo eso tenía algún mérito.

Para la prueba por grupos, se fueron a Port Aventura, parque temático en el que los niños comenzaron por interpretar un rap. El rap es la movida que utiliza TVE cuando intenta ser moderna. Lo intentaron con Resines en los Goya, lo intentaron con Saber y Ganar, lo intentaron ahora y esperen a ver cuántos raps vemos en la campaña electoral.

Pero no acaba aquí la agudeza táctica de nuestra televisión nacional: recordemos que Port Aventura está en Cataluña, y de esa comunidad autónoma eran los productos que debían emplear los chavales, además de los platos que tenían que crear. Una oportunidad más para unir lazos. En la CUP esta no la vieron venir.

Los grupos se formaron, y hubo diferencias. En el rojo estaba la asturiana, que muy adecuadamente se llama Covadonga. Es un encanto de niña, pero no dejó nada para los clientes. A cada segundo que la cámara giraba, ZASCA! mordisco a lo que allí hubiese: comida, cubiertos, gente, plástico… En el equipo azul todo iba fatal y Samantha tuvo que intervenir. Fue el momento estrella de Pablo, un chaval que el destino ha querido que se llame igual que el karateka de la pasada edición, llore lo mismo y sea igual de espabilado. Era como ver cocinar a una persona sin pulgares prensiles.

GIF TELEÑECO

Nadie lo hizo muy bien, menos Pitingo, que estaba por allí y cocinó un par de versiones de mierda. La prueba final llegó, consistía en cocinar sushi, para lo que trajeron a Ricardo Sanz, que es uno de esos chefs que en el programa les pegan un telefonazo y van corriendo. Todos con su kimono, dieron instrucciones de trabajar por parejas. Empezaron las bromas, como que Mauro (un chaval) y María (la modelo, que será una persona hermosa pero fría como la llave de un hórreo en unos años) eran novios, cuando era obvio que no, porque a esas edades para ser novio de alguien te tiene que pegar primero.

Arriba, salvadas por ser las que más puntos tenían, estaban Covadonga y otra niña. Resultaba gracioso porque parecía que no tenían nada de que hablar. Me imagino a Covadonga intentando decir algo de madreñas, de fabada, del prao, de la lluvia, y la otra, presumiblemente de Madrid, entrando en snapchat. Niños.

Una niña confundió un calabacín con una berenjena, la argentina dijo muchas cosas con acento y el jurado se volvió a dar cuenta de que no les pagaban lo suficiente. El Pablo que era Pablo reencarnado se fue, porque se dieron cuenta de que nada de lo que ese niño hiciese podía compensar aguantarle una noche más. Y eso fue todo, aunque creo que a este Masterchef lo que le faltó fue información sobre el aceite, el campamento y la web. Eso es lo que quiere la gente, ese es el contenido que está esperando.

Un saludo gastrónomos, ya iremos viéndonos por aquí.

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