Tercer programa de Masterchef. Iglús y frambuesa o ¿es que nadie piensa en los niños?

Tercer programa de Masterchef. Iglús y frambuesa o ¿es que nadie piensa en los niños?

El tercer programa de MasterChef empezaba con una incógnita impuesta en la mente de cada espectador. ¿Hay futuro en el programa después del impacto que supuso el León come gamba? ¿Nos podría dar algún momento similar al de la creación del Ecce Homo gastronómico?

El arranque propició, al menos, anécdota. Las versiones en miniatura de Samantha, Pepe y Jordi serían jurado. Hubiese sido más gracioso que la hija de Samantha tuviese su misma inexpresividad facial, que el de Pepe llevase sobrepeso y que el sobrino de Jordi intentase ligar con Andrea, pero no se puede tener todo. Los niños soltaron madera al juzgar las reinvenciones de los concursantes sobre el potaje, un bocadillo de calamares y espárragos. Reinventar, al parecer, es fácil. Lo difícil es que esté bueno.

Samantha dio paso a la siguiente prueba cortando. Aquí somos los chefs, que os estáis riendo mucho. A ver si vais a pensar que porque yo vista de rosa y Pepe coma como Pedro Picapiedra somos vuestros amigos. Pues no. Sobre todo tú, el cani, porque Encima no se ríe ni queriendo: solo sirve para parecer desconfiada, como si tuviese miedo a que le robasen la vajilla y los muebles en casa mientras concursa.

Siguiente prueba: Alcalá de Henares y su universidad de medicina. A MasterChef le gusta mucho señalar lo que tenemos de bueno en España, y se fue a la sanidad y a la educación. Que yo estoy muy contento y que ole y ole, pero se les ve el plumero. Hay otros artículos por ahí que llevan el contubernio a otras esferas mayores, búsquenlos, yo no haré más referencias a esta propaganda raruna, made in la televisión de todos.

La prueba por equipos empezaba con un clásico, el momento en el que cada capitán elige a sus miembros. Y allí iba Andrea, diciendo que en su equipo estaba encantadísima, que era muy feliz. Pues toma felicidad: ahora os cambiamos los capitanes. Obviamente Andrea no se había visto el resto de temporadas de MasterChef: la elección de compañeros en equipo es una trampa SIEMPRE.

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El team blue tenía a Sally y el team red a otro muy alto, que tiene cara de llamarse Jesús, pero no me acuerdo. De Sally sí, porque peleó por su equipo, aunque este fuese de lo malo lo peor. Entre sus greatest hits: tardar más en servir una ensalada que una sopa y que Andrea (de nuevo por aquí), joven hermosa y bien educada de veintidós se pillase una llorera y fuese consolada por Fidel, el hombre que no conoció a sus padres y estuvo en el ejército. Como ver al sargento de hierro diciéndole a Dora la Exploradora que todo va a salir bien.

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El equipo azul se comió sus errores y fue directo a la prueba de eliminación. Andrea, Sally y Pablo en sus filas. Se avecinaba el world championship of crying muchísimo porque la vida es muy dura. Un par de anuncios del campamento masterchef, de la escuela online y de los 300 libros que ha escrito Jordi y ya estamos listos.

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La última prueba fue muy original. Se formó una subasta, en la que se destapaban ingredientes uno por uno (desde fideos hasta cazón) y cada concursante podía pujar con los minutos que tenía para competir. Pero el nivel general, tirando a flojo, hizo que diese igual. A los de cincuenta minutos les sobró tiempo y a los de media hora… ni con ocho horas más.

Aquellos con mejores materias primas fueron los menos afortunados. Pablo cocinó su tiburón como una merluza, Antonio cortó un chuletón como cuando tu prima de seis años juega con plastilina y Sara se vino arriba y le echó FRAMBUESA a la caballa. Estaba claro que los tres tenían algo importante que hacer este fin de semana porque las papeletas para irse las habían comprado. Pero la FRAMBUESA de Sara no tuvo rival. Bueno, Andrea hizo un iglú con el brócoli que en mi opinión competía en igualdad de condiciones, pero se ve que el pollo crudo de la semana pasada CAUTIVÓ al jurado.

No hubo memes pero hubo emoción. En la siguiente edición, más. Me han dicho en la dirección de G de Gastronomía que les ponga al día de lo que ocurre en MasterChef así que espero su feedback y que me digan si les ofrezco algo interesante. Nos vemos gastrónomos.

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Un comentario

  1. ANA FERNANDEZ

    Me gustaría que la representante de la cocina tradicional tubiera más apoyo, ya estamos un poco cansados de tanto listillo en la cocina y desde luego símpatica parece

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