Masterchef o el abandono de la cordura

Masterchef o el abandono de la cordura

Tras perdérmelo la semana pasada, ayer volví a las cocinas de Masterchef. Se había ido la chica que corría muy deprisa, pero a la que un abrazo a tiempo le habría venido fenomenal. Por lo demás las alondras cantaban, el jurado promocionaba su libro y el campamento estaba preparado para recibir a niños que necesitan fama a nivel nacional. Así que al lío.

Empezamos con una sorpresa. Carlos, ganador de la pasada edición, presentaba un plato propio y los concursantes debían reproducirlo. La receta era complicada, implicaba codorniz, escabeche con cítricos y escalar a lo más alto de la más alta torre. Los aspirantes cometieron fallos nuevos y viejos, como lo de confundir las bandejas de unos con las de otros al acudir a los hornos comunes, o lo que sea que tienen ahí al fondo. Mientras, Carlos ligaba con Natalia, y yo no podía dejar de pensar en cómo sería un mundo en el que Natalia y Carlos estuviesen juntos. El final de la esperanza para los mortales. Jamás aparecería una pareja tan perfecta y con tan pocas posibilidades de visitar un museo.

foto annie hall

Rachel (así se escribe Raquel si tus padres no tienen personalidad suficiente para darte un nombre normal) ganó la inmunidad. Pero durante la valoración, ocurrió algo inesperado: la señora mayor del pelo morado decidió marchar, puesto que su salud no le permitía seguir aguantando a Samanth, digo,  seguir en el programa. Fue una escena realmente emotiva, pero lo más loco llegó cuando ella habló brevemente de su infancia y mencionó un padre alcohólico y una madre violenta (o al revés). ¿Qué clase de casting es este? Empecé a mirar a los aspirantes de otra forma. Una anciana con pasado oscuro, unas gemelas andaluzas, una extranjera salida de un país opresor, una lunática que cree en las energías. Un grupo de lo peor de lo peor. TVE está entrenando su puñetero escuadrón suicida delante de nuestras narices.

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La prueba de grupos involucraba un clásico de este programa: el ejército. Bendita televisión pública. Sin embargo, resultó todo un acierto. Servirían comida a la UME; la Unidad Militar de Emergencias de España. Para explicar su función, llevaron a cabo un simulacro de terremoto. Jordi jugaba el papel de víctima, a lo Buried, y Samantha mientras visitaba un bosque. Pepe, gracioso, la llamó “pija de ciudad” y no creo que nadie pueda no estar de acuerdo. Todo bien, para mi sorpresa. No hubo rap.

Como la señora mayor (perdón por no recordar el nombre, soy como esos profesores de universidad que no se los aprenden hasta pasados unos meses, para no desperdiciar esfuerzo) se había ido, en Masterchef realizaron una jugada maestra. Rescataron a una chica que se había quedado a las puertas, y que obviamente no va a ganar, pero les da para un programa más. Al entrar se abrazó a todo el mundo, y resultó terriblemente falso, como cuando saludas a tu portero por la calle.

GIF SALUDO

Sobre lo que cocinaron, nada nuevo. Siguen sin entender que  hay que hacer grandes cantidades, es fascinante. ¿Doscientas personas? ¿Que si sobra se recicla? ¡Lo que haré será cocinar todo en este cuenco en el que desayuno mis cereales! Los postres salieron mal, y el equipo rojo, capitaneado por la inmune Rachel, lo hizo fatal. Ella se libró tras haberles metido en el pozo. Es tarde y no se me ocurren más que dirigentes políticos para una analogía. Pero este es un blog de gastronomía, así que terminemos.

En esta red de maldad en la que Masterchef se ha acomodado, se forzó a una de las gemelas a salvar a la borde y dejar competir a Esmeralda. La que lee el horóscopo mientras duerme. La prueba consistía en cocinar con marisco, y ella decidió liberar a un bogavante. Sí, como lo oyen, como si fuese la maldita ballena Willy, le entregó el bogavante a un miembro del equipo, asegurando que pertenecía a la madre tierra. Aún así, y mira que lo intentó, no se fue ella, se fue Salva. ¿Que quién es Salva? Pues eso.

Me despido hasta la semana que viene. Ha sido un programa con momentos de lo más bajos, y aún así he disfrutado. Creo que estoy perdido. Pero seguiré mientras me queden fuerzas y mientras esté enamorado de Natalia y del ridículo ajeno. Pronto más, gracias a todos.

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by Santi Alverú

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