Final de Masterchef Junior 4: dejad que los niños se acerquen a Jordi

Final de Masterchef Junior 4: dejad que los niños se acerquen a Jordi

Master Chef Junior es ya algo sobre lo que escribir una distopía. Ha entrado oficialmente en la categoría de temas sobre los que The Who podría escribir una triste ópera rock. Está tan solo a un programa más sobre bizcochos cocinados en conventos de ser considerado propaganda política. Le falta nada, una aparición de Jorge Cremades para que lo cancelen. Es algo tan peligroso para el mundo, acaba tan tarde, se aleja ya tanto de lo que es la gastronomía, la cocina y la infancia, que podríamos estar ante una nueva versión de los falsos ídolos del antiguo testamento. ¡Arrepentíos! El día del juicio llegará y estaremos todos malditos, por haber compartido memes de menores manchados con salsa holandesa.

Respiro. Ya respiro.

GIF BOB SPONJA

Ganar la final de MasterChef cuatro es como si en los juegos olímpicos inventasen una medalla para el que queda octavo. Pero ahí estaban intentándolo unos niños. No había ninguno andaluz, así que me dije: adelante.

Pasemos a la prueba complicada, que es la que más chicha tiene. Ya se había salvado una niña y quedaban tres para competir. Un chaval con pinta de llevar varios meses sin jugar al Fifa y estar a punto de desmayarse, una muchacha majísima y otra que de mayor no será majísima seguro. Los llevaron a La Casa Encendida, un centro lúdico en Madrid, a jugar con impresoras 3D. Nadie se imprimió unos padres mejores.

El chef Diego Guerrero preparó un menú para los niños con ingredientes que había que buscar en el estómago de un hipogrifo y técnicas con dificultad similar a un transplante de cara. Algo tenía este hombre contra los niños pequeños. Puede que un bebé malvado vestido con smoking asesinase a sus padres a la salida de un concierto cuando el tenía treinta. Puede que no le gustase la última temporada de Rugrats, cuando eran todos adolescentes.

FOTO RUGRATS

Todo lo tenían que preparar corriendo y servirlo para que los ex concursantes de MasterChef Celebrity, aquella otra edición fantástica de este programa, en la que el mismísimo Fernán Gómez habría participado de haber podido. Fernando Tejero guiñó un ojo a Diego Guerrero, porque se reconocieron del curso Construye tu propia vida malvada y solitaria en cinco sencillas clases. El Cordobés y Loles León hablaron poco, porque en España ya se ven brotes verdes amigos.

Ganó la niña que no quería que ganase, porque ya verán como me sale alguna broma rara y nos cierran el blog. El chico que perdió dijo “yo creo que ha sido la mejor experiencia de mi vida”.  Cómo que creo, chaval. Que tienes diez años. Cómo puedes dudar. Qué te ha dado tiempo a hacer para que no estés seguro. Estás comparando ser semifinalista en MasterChef Junior con qué, a ver. Pringao.

La final, el enésimo duelo igualadísimo entre dos concursantes, el fracaso de la democracia. En las gradas estaba el tal Jefferson, que yo ni idea, pero sé que levantaba pasiones. Jordi Roca era el invitado a la mesa de los jueces. Tenía un resfriado o una resaca de cuidado. Hablaba como el hijo que tendrían Epi y Blas si uno de los dos… bueno, como el hijo que tendrían. Idea para guión buenísima: qué pasó la noche anterior a la final y por qué Jordi está resfriado. Estilo superhéroe: Jordi contra el Doctor Azúcar. Le tira en un tanque de merengue a punto de congelarse. El frío: punto débil para acabar con sus poderes nasales. Pero Avellanas, el sabueso compañero de Jordi, tira de la palanca vaciando el tanque y congelando al malvado Doctor Azúcar.

GIF JOKER

Pepe, que estuvo igual de ordinario que siempre, esperó dos segundos antes de anunciar a la ganadora con voz de muerte. Ganó Paula. Va a estar buenísima Paula. (Ven, se lo dije, turbio). Le hará la cobra al pobre Miguel en unos años. Si no se la ha hecho ya. Igual Miguel ha recibido más cobras que yo a estas alturas. Odio esto. Odio este programa. Por favor TVE, make Masterchef great again.

Hay que saber hacer fortuna, decían los viejos amargados en Mary Poppins.

Hablamos pronto gastrónomos. De temas más alegres espero.

Yonlok

by Santi Alverú 

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