The Hundred Foot Journey. Un viaje de diez metros. Entrevista, crítica y todos los detalles antes de su estreno en España.

The Hundred Foot Journey. Un viaje de diez metros. Entrevista, crítica y todos los detalles antes de su estreno en España.

Hace unos días consigo para G de Gastronomía quedar con Lasse Hallström (Estocolmo, 2 de junio de 1946), director de cine sueco, nominado en tres ocasiones al Óscar, autor de películas como Las normas de la casa de la sidra (óscar para Michael Caine al mejor actor secundario), Chocolat o ¿A quién ama Gilbert Grape? 

La gastronomía y su filmografía parecen estar siempre unidas de manera clara, y su nuevo proyecto no es una excepción. Con The Hundred Foot journey Hallström realiza un viaje entre La India y Francia, con Hellen Mirren como protagonista. Nos recibe personalmente en el hotel Maria Cristina para hablar de todo esto y más.

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¿Cómo se siente en esta sección, Culinary Zinema, en la que participa su película fuera de competición?

Mis películas no suelen estar en competición, o al menos no recuerdo haberlo estado en muchas ocasiones. De todas formas es cierto que para un director es bastante similar y suelen ser las compañías cinematográficas las que sienten como un riesgo que su película entre a competición, por lo que pueda ocurrir con la atención mediática que generan.

¿Le resulta diferente trabajar con actores casi por descubrir como los jóvenes de la película a trabajar con otros más consagrados como Helen Mirren?

La verdad es que espero conseguir que, en temas de edad, tratarlos a todos de la misma manera. Todos son frágiles antes o después, y pueden sentirse inseguros delante de la cámara, hay que crear una atmósfera que sea adecuada. Yo creo que aquí la conseguimos, incluso pudimos improvisar mucho, sin seguir el guión demasiado, dejando que cada uno aportase sus ideas y su experiencia. Fue divertido, tanto para los mayores como para los más jóvenes.

¿Se ha planteado modificar, crear una versión del director de alguna de sus antiguas cintas? 

(risas) ¡Puede ser! En realidad, de la cinta sueca que presenté aquí hace unos años, El Hipnotista, corté quince minutos yo personalmente con mi ordenador hace tiempo.

¿Con su propio ordenador, usted solo?

¡Sí! Es una versión mejor, más corta, pero que nunca se ha enseñado. Está ahí en mi ordenador, todavía no se la he enseñado a casi nadie (risas).

Me arrepiento de algunas cosas, como una elección que hice para un actor en ¿A quién ama Gilbert Grape? , y sigo pensando que podría volver a rodar cosas de la película y hacerla diferente… Siempre tienes este tipo de cosas, en las que sigues pensando sin parar.

¿Por qué cree que la comida une a la gente, tanto en la realidad como en sus películas?

La comida, lo que sabe bien y forma parte de la cultura actúa directamente en el cerebro y no en el intelecto, no hay prejuicios, si algo bien elimina las barreras y pasa a través de las culturas para ser algo muy beneficioso.

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¿Cómo llegó hasta la película, qué le atrajo del proyecto?

Bastantes cosas, similitudes con Chocolat, un guion que mezclaba comedia y humor… Pero son decisiones menos conscientes de lo que parecen.

Es curioso esto, porque muchos directores suelen confesar que en sus carreras no llevan a cabo tantas decisiones conscientes como creemos, sino que es tras la toma de estas decisiones y tras ver sus películas que se dan cuenta de su estilo y sus manías. 

¿Tiene alguna explicación para esto, qué cree que está ahí que le afecta aunque no lo sepa?

Desde luego, esto es cierto y es muy interesante. Yo sé que hay algo de mi infancia, un rechazo hacia lo falso, lo deshonesto… Me gusta la realidad, el día a día, el mundo real. Y busco esto en las interpretaciones, continuamente, y cuando no lo consigo ¡hay algo que se apodera de mí!

Supongo que es esa fuerza la que me conduce de un sitio a otro, al igual que las emociones, que me gusta advertirlas pero que no se me impongan, no me gusta que se exceda en el sentimentalismo… son este tipo de cosas las que mantienen mis películas en común.

Y para acabar, ¿qué tipo de “feedback” recibe de su público que usted prefiera, que agradezca más?

Me encanta escuchar los términos “elegancia” y “encanto” (elegance and charm) para describir mi obra, creo que es algo muy poco tangible y cuando consigues crear este tipo de sensaciones, tiene más valor. Si, elegancia y encanto, sin duda, me gusta. 

Nos avisan de que el tiempo se agota y nos despedimos amablemente. Y ahora sí, días después, vemos la película. Aquí la reseña sobre la misma:

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Ay Halsström, Hallström, ¿qué vamos a hacer contigo?

Tu película es entretenida. La historia de una familia india que se dedica a la restauración, y que escapa de su país a Europa buscando un futuro mejor. El hijo mayor, Hassam (Manish Dayal), es todo un visionario, tiene un talento innato para la cocina. Un día, viajando por Francia, los frenos del coche se rompen y se ven obligados a asentarse en un pueblecito con mucho encanto (demasiado, quizás, pues se parece más a una de esas postales atrofiadas con filtros y Photoshop que a un lugar real) y deciden comenzar de nuevo allí, desoyendo las advertencias de la dueña de un lujoso restaurante con estrella Michelin (Hellen Mirren) que representa su competencia directa.

Se deja ver que, en alguna ocasión, juegas con luces y planos de manera muy estética, creando atmósferas muy pertinentes para momentos clave (como la primera vez que Madame Mallory, el personaje de Mirren, prueba un plato del joven cocinero). Pero para una película asentada en una historia tantas veces repetida (desde que escribo en este blog me parece que 9 de cada 10 películas gastronómicas son idénticas) tienes que esforzarte más.

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Gustará, gustará tu película igual que gustaron otras que no son tuyas, como El exótico hotel Marigold, porque tiene un humor efectivo, porque sus personajes y los actores que los interpretan tienen carisma y buen hacer, y porque producen Spielberg y Oprah y esta gente se sabe lo que hace. Pero en la próxima, añade un par de tiros o algo, porfa.

Una pena no haber podido pedirle lo de los tiros en persona. Espero que os haya gustado tanto como a mí la charla con este mítico director y que os haya interesado mi reflexión. ¡Decidme que os ha parecido! ¡Y no dejéis de ver buen cine y comer bien! ¡Es lo que Hallström querría!

Fdo:

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