Louis de Funes, ¿cómico gastronómico?

Louis de Funes, ¿cómico gastronómico?

El lanzamiento de tarta a la cara es uno de los grandes hits de la comedia denominada como slapstick. Este tipo de humor, basado en la carcajada que surge al presenciar un golpe o una caída, se hizo célebre en las primeras décadas del cine, cuando la ausencia de sonido directo obligaba al actor y a la puesta en escena a apoyarse en su parte más visual.

Al parecer, el primer lanzamiento de tarta con intención cómica en la historia del cine aparece en cierta cinta de 1909 llamada Mr Slip. Más que un lanzamiento, en la película el tal Mr Slip recibe directamente un “tartazo” de la mano de una mujer con la que se empeñaba en demostrar lascivas intenciones. A partir de ahí, el slapstick se ha aprovechado de este elemento de repostería en numerosas ocasiones, como en la película de Laurel y Hardy The Battle of the Century, donde se emplearon tres mil tartas para rodar una gloriosa batalla colectiva (en la misma aparece otro gran clásico de la unión de la comida y la comedia, la piel del plátano y el resbalón); o también en los dibujos animados de los Looney Tunes, en los que las ilimitadas posibilidades que ofrece la animación hacen de Bugs Bunny y sus compañeros perfectos conejillos de indias para todo tipo de choques, porrazos e impactos con comida.

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¿Por qué la cocina parece un espacio y una temática clave para este tipo de comedia? Una explicación sería cierta máxima de la escritura de material cómico: siempre funcionará el poder colocar un personaje muy definido en un mundo que le es ajeno. Por ejemplo, Sheldon Cooper y el mundo real en Big Bang Theory. Si a un gamberro como Bugs Bunny, el ratón Tom o Charles Chaplin le ponemos una tarta en la mano, lo más probable es que no termine comiéndosela, a pesar de que esta sea su función original.

[highlight color=”eg. yellow, black”]Voilà, un chiste.[/highlight]

 

Louis de Funes (Courbevoie, 31 de julio de 1914 – Nantes, 27 de enero de 1983) tal vez no haya inventado nada, pero resultaba lo suficientemente genial como para apropiarse de mucho. Por muchos desconocido, en un mundo francófono hubiese podido brillar tanto como Steve Martin o Robin Williams y sus películas descansarían junto a clásicos como los de Mel Brooks. Maestro francés de la mueca y la burla, heredero de cierto hacer de las vedettes y abanderado en el exceso, a las películas de este cómico los golpes y las caídas le venían como el anillo al dedo. Y si eran en un restaurante, rodeados potenciales platos rotos y tartas voladoras, mejor todavía.

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En El gran restaurante Funes encarna al estirado Monsieur Septime, orgulloso dueño del célebre y ficticio restaurante parisino Chez Septime. La gastronomía del lugar está en consonancia con los gestos y la interpretación del actor: exagerada, desmesurada hasta finalizar en la “pirámide Septime”, un postre especialidad de la casa con varios pisos de frutas y siropes, que se sirve flambeada para deleite del comensal. Tras una primera media hora que sirve como introducción y parodia de las costumbres de la restauración de la alta cocina, la película se transforma en una caricatura del cine de espías y la gastronomía se desplaza a un segundo lugar de importancia.

Pero en sus más de cien películas como intérprete, Louis de Funes cortejó el mundo de lo culinario en más ocasiones. En Muslo o Pechuga, por ejemplo, el actor francés protagoniza una divertidísima escena en la que acude, disfrazado de estadounidense (en 1976 ya eran dueños del dudoso honor de ser la nacionalidad más gastronómicamente ignorante), a evaluar un pésimo restaurante de carretera en Francia.

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Tal vez la comedia funcione junto a la gastronomía, además de por una facilidad en la estructura del guión, por lo sencillo y cercano de la temática. El comer forma parte de nuestras rutinas, y algo así es un tema demasiado jugoso para ser ignorado por un cómico que se enfrenta a la ardua tarea de buscar la conexión con un público de forma periódica. Y si a esto le sumamos un país como Francia, donde comer bien es prácticamente una asignatura que se enseña desde pequeños, Funes no hizo sino canalizar lo mejor de dos mundos hacia una audiencia que buscaba desde hace años este tipo de humor, que se burlase de la pomposidad de muchas de sus prácticas. Y el pueblo francés se lo agradeció hasta su muerte, nombrándole en varias ocasiones actor favorito e hijo predilecto de la república. Ya saben, las penas con pan, son menos.

 

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By Santi Alverú

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